jueves, 1 de marzo de 2012

Morón aportó cuatro víctimas fatales y al menos 20 heridos a la tragedia del Sarmiento

La comuna confirmó esta semana que cuatro fueron las víctimas de la tragedia de Once que vivían en el distrito y cuyos restos fueron sepultados el viernes último, tres de ellos en el cementerio municipal. También trascendió que hubo al menos otros 20 pasajeros oriundos de este distrito que viajaban en la formación que chocó el miércoles 22 en la terminal. Son personas o familiares que se comunicaron a la central que ofreció el gobierno local para asistir a las víctimas de la formación 3772. De todas formas, se intentó preservar la “intimidad” de los mismos.
La lista de víctimas fatales subió a 51. Entre las cuales se encuentran Graciela Díaz (49 años: FOTO), Mónica Garzón (44), Marina Moreno y Ramón Ariel Zúñiga (33). Las tres primeras figuraron como desaparecidas durante por lo menos hasta varias horas después del choque. Y se fueron agregando a la lista negra a medida que sus cuerpos se iban identificando. Moreno, vecina de Haedo, es la única de los 4 que fue sepultada en un cementerio privado.
A las exequias de Díaz, Garzón y Zúñiga asistieron representantes del gobierno local, que ya había adherido al duelo de 48 horas decretado desde la Presidencia, el 22. Pero todo se hizo con bajo perfil. Consultado sobre las víctimas a las que se asistió, Hernán Manigott, coordinador del programa de abordaje y del padecimiento humano en la comunidad, explicó prudentemente que no hablaría sobre ninguna situación personal ligada a Once.
“Estamos trabajando con algunas familias desde el punto de vista psicológico”, contó Manigott. “Se presentaron espontáneamente algunas personas. Dentro de esa gente había personas que habían estado en el tren y algunos familiares. Lo que también hay es un acompañamiento de las personas que están hospitalizadas”, apuntó a Un Medio.
- ¿Qué es lo que hacen en la central de asistencia?
- Creamos un espacio que centraliza –los pedidos de ayuda-a través de una línea telefónica, para conseguir asesoramiento y un lugar adonde dirigirse. Estamos recibiendo a las personas y en el caso que fuera necesario seguimos conversando, para ver si se siguen las entrevistas o alguna derivación a un centro de salud.- explicó Manigott.
Esta ayuda sanitaria y mental se hizo pública inmediatamente. Para consultas, se puede llamar a la Dirección General de Programas (5279-3220/3221) de 8 a 16hs; o a la Dirección de Defensa Civil (4628-1758 /103) las 24hs.

Apenas una historia
Las víctimas de Morón no tuvieron la alta exposición de otras historias. No protagonizaron conferencias de prensa contra el servicio ferroviario, el Gobierno y la prensa, ni posaron junto a la Presidencia con el sólo objeto de humanizar su labor. Apenas si sus nombres circularon por páginas de Internet en busca de su paradero, horas después de la tragedia. En ese recorrido dramático, se conocieron sólo detalles de una de las pasajeras que ahora descansan en el cementerio local. Se trata de Graciela Beatriz Díaz, quien murió, como tantos otros, camino al trabajo.
“El día de la tragedia, Díaz había cambiado su turno laboral para cubrir el horario de un compañero. Salió temprano de su casa, ubicada a cuatro cuadras de la estación de Morón y subió al tren, como todos los días -publicó el diario Perfil-. Pese a que había sido testigo del incendio de un vagón poco tiempo atrás, Graciela volvió a viajar en tren para llegar a su trabajo. Trabajaba preparando sándwiches para una confitería porteña, que está ubicada en las avenidas Pueyrredón y Corrientes”, en Capital Federal. “Era una especialista en preparar bocaditos dulces. Tenía mano para la cocina y sabía agasajar muy bien”, la recordó Miriam Díaz, hermana de Graciela.
Ella “siempre tenía una sonrisa dibujada en su cara, estaba de buen humor y mantenía una mirada optimista frente a todo”, comentaron sus amigos. A sus 49 años, tenía tres nietas (Zoe, de 6 años; Priscilla de 4 y Martina de 2) y dos hijos. Su mayor placer era poder comprarles regalos a las tres niñas, para eso trabajaba con dedicación. “Nos veíamos día por medio, tomábamos mate y charlábamos. La voy a extrañar mucho”, concluyó Miriam.

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