jueves, 1 de marzo de 2012

Juzgan a un albañil de origen estadounidense por el crimen de su esposa e hijos en 2009

Antonio Cajal comenzó a ser juzgado el martes 28 en la causa que lo tiene como sospechoso por el triple crimen de su esposa, Lilian Fuño Rodríguez (26) y de sus dos hijos, Brian (6) y Rocío (4) ocurrido en noviembre de 2009. El imputado, de nacionalidad estadounidense, está acusado del "triple homicidio agravado por el vínculo", aunque llegó libre a la sala del Tribunal Oral en lo Criminal Nº 4 de Morón, que habrá de dictar sentencia. La defensa intentará probar que el crimen se perpetuó tras un robo, mientras que la querella pedirá “perpetua” al acusado.
Ayer, durante la primera audiencia, Patricia Fuño Rodríguez, hermana de la víctima, afirmó que Cajal mató a toda la familia porque no soportaba que su mujer lo engañara con otro hombre y que el bebé que esperaba no era de él.
Ante el Tribunal, la tía de los chicos asesinados reconoció que con Cajal mantuvieron una relación sentimental, seis meses antes de los homicidios. Explicó que decidió ponerle fin a los encuentros con su cuñado cuando su hermana se enteró y ella advirtió que sufría mucho, ya que además la pareja mantenía muchas discusiones por dinero.
"Cajal era muy duro con mi hermana y yo ya veía que no era lo correcto y decidí cortar. Él se enteró que después mi hermana se estaba viendo con un muchacho que trabajaba en el bingo de Morón, de nombre Alejandro. A él le molestaba mucho y siempre la perseguía y la llamaba por teléfono, era muy celoso”, relató la mujer.
“Estoy segura de que él mato a mi hermana y a los chicos porque no soportaba que ella tuviera otra relación amorosa. Es más, ella estaba embarazada y la gente del barrio le decía que el hijo no era de él y que era de otro”, agregó.
El asesinato fue descubierto el 2 de noviembre de 2009. Fue denunciado por el propio padre, quien dijo haberse ausentado durante el dramático episodio y apuntaba a un desenlace fatal ocasionado por un intento de robo en su casa.
Sin embargo, la Policía nunca le creyó. En el juicio, elementos de la fuerza destacaron la "frialdad" con que se manejaba el acusado después de los crímenes y recordaron que hasta pidió pizza para todos cuando estaba en la comisaría. El martes pasado, en segundo turno, declaró en la sala el comisario Sergio Gigena, que estaba a cargo de la seccional primera de Morón cuando le tocó asistir al la escena del crimen. Lo calificó como “un hecho espeluznante".
"Le mataron a su mujer y a sus hijos y él - por Cajal- hablaba con tanta frialdad que ni un pelo se le movía, era muy raro”, afirmó ante los jueces Carlos Torti, Rodolfo Castañares y Pedro Rodríguez. Gigena agregó que el acusado siempre les hacía referencia a que "le habían robado una parte de un equipo de música y no daba más detalles sobre las muertes ni se le escapaba una lágrima". La casa donde todo sucedió está ubicada en Valle 540, Morón.
"Mi impresión – dijo Gigena -, es que a la casa entró alguien muy conocido porque el nene tenían golpes en la cabeza y una carta en la mano. La nena estaba tirada semidesnuda en la cama de la habitación de la planta alta y la mujer en la cocina". Otro policía, Carlos Vázquez, que fue llamado por Cajal cuando se hallaron los cadáveres, relató que el ahora imputado estaba "muy tranquilo" y le decía: "Me robaron y me mataron a mi familia".
Ante una pregunta del fiscal Hernán Alarcón sobre qué opinaba del caso, dada su experiencia, respondió: "En los años que tengo de policía, nunca vi algo así, un hombre al que le matan a su familia y no se desespera es raro".
Por su parte, el subteniente Juan Díaz relató que "tras su traslado a la comisaría primera, el hombre quería invitar pizzas para todos y no se le movía un pelo, ni lagrimeaba para nada". Para su coartada, le había pedido a un vecino permiso para saltar desde su propiedad a su casa porque, según decía, volvía de trabajar, no tenía llaves y no lo atendía nadie. Con el vecino de testigo, Cajal levantó dos persianas de su vivienda hasta que logró ingresar y al instante salió por la puerta delantera y le dijo: "Llamemos a la policía, que algo malo le pasó a mi familia".
Dentro de la casa estaban los tres cadáveres y presentaban fuertes golpes en la cabeza aplicados con un objeto contundente y los niños habían sido degollados mientras jugaban. Cajal, quien por entonces trabajaba como pintor y albañil, le dijo a la policía que se retiró de su casa a las 10 para ir a trabajar a una obra y cuando volvió a la noche no pudo entrar porque no llevaba llaves y nadie respondía a sus llamados. Pero luego fue detenido en base a distintas pruebas, entre ellas que la pericia de "Luminol" -reactivo que detecta sangre lavada- indicó que el asesino trapeó la escena del crimen en algunos sectores como la escalera. Además, se detectó sangre en la bañadera, la cortina de la ducha y el lavatorio de uno de los baños. Los investigadores descartaron la pista del robo.
Cajal estuvo preso por el hecho hasta septiembre de 2010, cuando la Cámara de Apelaciones de Morón le concedió la libertad. Sus abogados, Rolando Lanfolfe y Jorge Meccia, adelantaron que tratarán de convencer al tribunal de que "no mató a nadie y que todos fueron muertos tras un robo". Antes del juicio, la hermana de la víctima criticó al fiscal Marcelo Tavolaro, que instruyó la causa, al asegurar que no investigó la pista de un hombre que fue visto en la puerta de la casa, cerca de la hora de los crímenes, y que pudo haber actuado como campana.

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