sábado, 18 de febrero de 2012

La Mecca Castelar se quedó sin dueños y sus empleados temen quedar en la calle

La estabilidad laboral de un centenar de trabajadores de la metalúrgica Mecca Castelar quedó “en el aire” tras la frustrada absorción de la empresa por parte del Grupo Taranto, que en noviembre se había hecho cargo de la dirección y que el mes pasado se marchó luego de una serie de enfrentamientos con el cuerpo de delegados.
La compañía está en concurso de acreedores y se sostiene administrativamente por un síndico y dos asesores judiciales. Los empleados trabajan día por medio, por la mitad del salario. El panorama es más que complicado y por ahora depende de la voluntad de intervención del Gobierno Nacional, que ya aportó un subsidio no reintegrable y logró acuerdos con automotrices para la compra de insumos que produce la Mecca.
Los delegados también cuentan con el respaldo de la UOM, que no se puso al frente de los reclamos hasta que en diciembre la seccional Morón aprobara en un congreso (novedad, por cierto) marchar a los ministerios de Trabajo y de Industria bajo la consigna de recuperar a los puestos de trabajo que Taranto había decidido achicar.
Mecca parece correr una suerte similar a las de La Cantábrica o La Textil, en otros tiempos. Fue creada en 1961. En su planta de Rojas 1745, Castelar Norte, fabrica “piezas para motores a combustión interna y de cajas de cambio para automóviles, camiones y otros componentes de la industria automotriz”. “Hoy además produce partes para equipos de calefacción, iluminación y otros rubros”, de acuerdo a lo que reza su página digital.

Sin rumbo
En noviembre los delegados de Mecca explotaban cuando, tras el arribo de la automotriz Taranto, se abría un proceso de achique de la planta. “Nos impusieron una rebaja salarial, en nombre de conservar los puestos de trabajo y no cumplieron, nos impusieron suspensiones, también en nombre de conservar los puestos de trabajo y tampoco cumplieron. Despidieron sin ningún tipo de escrúpulos, violando todo lo acordado. Ahora el Grupo Taranto dice no querer comprar la fábrica, promoviendo la quiebra fraudulenta”, difundió la UOM en enero.
Sin embargo, Taranto decidió abrirse y dejó a la empresa en manos de la Justicia. “Estábamos peleando por los trabajadores despedidos. Taranto había hecho una opción de compra a tres meses. A los dos y medio no hicieron uso y se retiraron de la empresa. Ahora no tenemos dueño. El grupo accionista no se hizo cargo. La empresa estaba concursada, a punto de quebrar”, explicó a Un Medio, el viernes pasado, el delegado Carlos Rojo.
El Grupo había ingresado en noviembre “y lo primero que hizo fue echar gente y arreglar un poco la fábrica. Pero no invirtió. Ahora quedamos solos. La Mecca sigue funcionando, trabajando tres días a la semana y suspendidos con 40 por ciento menos de sueldo. Estamos con un síndico y dos administradores judiciales”, señaló.
Una serie de marchas hicieron llegar a los delegados al despacho de Débora Giorgi. “Nos dijo que Fiat nos iba a duplicar el pedido de 7 a 14 mil carcasas de cajas de transmisión. Pero en vez de duplicarlo lo bajó. Para marzo tenemos un pedido de 5 mil carcasas”, contó Rojas. La fábrica espero por otros pedidos, de la General Motors y de Volkswagen. Las automotrices italiana y alemana son los principales clientes de la Mecca.
“Los despidos se frenaron. Pero no sé cuanto vamos a poder aguantar. Cobramos mil pesos por quincena. Seguramente haremos una marcha y trataremos de tocar a alguien más”, adelantó Rojo. También agradeció la intervención de la UOM. “Teníamos muchos cortocircuitos porque no se hacían cargo de nada. Pero en un congreso trataron el tema. Entonces nos apoyaron en las movilizaciones. Pusieron micros y fuimos todos los delegados”.

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