viernes, 23 de diciembre de 2011

La interna con la Cámpora y el auto acuartelamiento policial bajaron a Scioli

El gobernador había hecho todo lo posible para estar en el acto formal donde se anunciaría el comienzo de las obras para el nuevo estadio del Deportivo Morón. La firma del contrato, a través de un fideicomiso del Banco Provincia, se había atrasado durante la campaña y finalmente se realizó el martes 13 de diciembre en Capital. El mismo día de su asunción, el intendente, Lucas Ghi, había confirmado su presencia. Pero no pudo ser. Daniel Scioli mandó a comunicarle en la tarde del miércoles 14 que no vendría al día siguiente. Por esas horas, se batía a duelo entre el auto acuartelamiento de la Infantería y las críticas del kirchnerismo puro, por la represión que sufrieron los militantes de La Cámpora, durante la ceremonia de jura del vicegobernador y gob.
Las escenas que se vivieron dentro de la Legislatura Bonaerense el lunes 12 no tienen todavía un desenlace cierto políticamente. Unos días antes, la JP había incursionado en el recinto para la jura de diputados en forma intempestiva. Para la asunción del gobernador, el sciolismo había copado los palcos. Y no habría más lugar para nadie. La Cámpora no lo entendió así y ahí se produjo el choque con la Policía. Después llegaron todo tipo de jugadas. El gobierno desafectó a seis oficiales. Como respuesta, comenzó una medida de protestas en La Plata, que amenazaba con seguir en delegaciones de Infantería de Departamentos como Morón.
El auto acuartelamento se levantó sólo cuando se les garantizó a los agentes una declaración bajo sumario administrativo. Pero lo que descomprimió la presión sectorial, por un lado, aumentó la presión política por otro.
El flamante titular del bloque de diputados bonaerenses de Nuevo Encuentro, Adrián Grana, directamente pidió la renuncia del Ministro de Seguridad y Justicia, Ricardo Casal. Más allá del incidente en cuestión, considera que “su gestión significa un gran retroceso en los avances que se habían logrado en anteriores gestiones, y al mismo tiempo va a contramano de las políticas que lleva adelante en la materia el gobierno nacional”.
Otro diputado del sabbatellismo, Marcelo Saín, señaló que “hubo una orden del ministro Casal para impedir el ingreso de los militantes de La Cámpora al recinto, y ahora se quiere responsabilizar por ello a seis trabajadores de la policía y a un jefe de operativo”. “No se comprende por qué Casal continúa en su cargo: representa un gran problema para el gobernador”, dijo. El presidente del Bloque de senadores del GEN-FAP, Ricardo Vázquez, amplió esa misma línea de pensamiento, aunque pidió la cooperación tanto del gobernador como de su vice, Gabriel Mariotto, al asegurar que “involucraron a la Policía en un problema político que la trasciende”.
En rigor, la respuesta de los uniformados fue peor que los palazos asestados el 12. Ese hecho había sido calificado como “lamentable” y “bochornoso”, tanto por el presidente de la Cámara de Diputados, Horacio González, como por el propio Mariotto. Desde la Gobernación bajarían las disculpas y se prometía tomar medidas.
Mariotto cerró el cuartel del Senado y contrató seguridad privada, con un civil a la cabeza. En sintonía, González dispuso “la desafectación del personal policial que prestaba servicios de seguridad en las instalaciones del palacio legislativo y del edificio anexo”. “En principio la actividad quedará a cargo de personal propio de la Cámara de Diputados que se desempeña en las áreas de Ceremonial y Recepción”, comunicó.
Pero la rebelión policial y el retroceso político dejó la interna abierta, en otro inédito cruce de la política oficial. Una placa dirá que Lucas Ghi y Daniel Scioli iniciaron las obras del Deportivo Morón. La foto no pudo ser. Ese mañana, tras la revuelta, la tapa del diario Página 12 destilaba veneno contra el mandatario bonaerense.

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