jueves, 5 de agosto de 2010

Las memorias de Juan Carlos (y sus amigos)

A los 75 y tras dos años de cáncer, Juan Carlos Rousselot se despidió de la vida terrenal. Al final del cuento, sus allegados lo recordaron como un “gran amigo” y “doctrinario”. Contaron que dejó un bosquejo de sus memorias, grabaciones con Juan Domingo Perón; y, como si lo acompañaron hasta el purgatorio, no faltaron confesiones.
“Era un final anunciado. Él simplificaba todo lo que es el peronismo. Las últimas grandes obras las hizo Rousselot. Se va un amigo, mi jefe político y va a dejar un vacío muy grande”, sostuvo Juan Carlos Yaquinto, ex concejal y presidente del HCD en los noventa, en el tercer y último turbulento mandato del locutor.
Se acercaban las 14 del jueves 8 de julio, cuando a Juan Carlos lo trasladaban al cementerio municipal, no sin antes recorrer la caravana el centro de Morón. El ex intendente finalmente descansaría en un cementerio privado de Ituzaingó. Unas diez horas antes fallecía en una clínica porteña. No hubo grandes presencias políticas en su último Adiós (de hecho, la única figura nacional fue la del comentarista del Fútbol Para Todos, Julio Ricardo). Apenas una ofrenda floral del ex presidente Carlos Menem, su ideólogo y máximo referente.
Hubo otras salutaciones, claro, como la del sindicalista Luis Barrionuevo; o la del ex intendente de José C. Paz, Mario Ishi. “El sepelio se hizo rápido por pedido de la familia, así que no hubo mucho tiempo para que se acercaran más dirigentes”, los excusó el titular del PJ local, Domingo Bruno. Entre familiares y amigos, también se acercó el ex senador provincial Horacio Román, aliado y adversario de mil batallas del ex jefe comunal. Más de uno sintió vergüenza ajena por su presencia. “Está todo bien”, le advertía a Un Medio un compañero.
Atrás habían quedado las peleas, las suspensiones y las dos renuncias que Rousselot firmó cuando se veía acorralado por las denuncias y por la política. El propio Yaquinto reconoció que “él transformaba bronca en bondad”.
“Rescato al ser humano, que se dedicó a su familia y, en los últimos tiempos, estaba en una tarea literaria, como un resumen. Era un borrador, un ensayo. Es un material muy rico que seguramente la familia va a dejar al Consejo Nacional. Un poco la política lo dejó a él y muchos que parecían amigos no lo eran tanto”, confió.
- ¿Alguna vez reconoció una equivocación?
- Sí, muchas veces lo hablamos. Le planteaba diálogo con la oposición, pero era muy tozudo, producto de su sangre.
Muchos dirigentes que tuvieron funciones en los noventa pasaron por la cochería Reviello que está sobre Eva Perón, para despedir a su ex jefe. Jorge Olivera, ex director de Cultura, y Carlos Poli, ex secretario de Obras y Servicios Públicos, sabían que la salud de Juan Carlos era crítica. Lo recordaron como una “buena persona”.
En el epitafio sobran los elogios. En este caso abundaron las lecturas críticas sobre su carrera. “Rousselot era muy político, pero le faltaba un poco de cintura. El camino al infierno está rodeado de buenas intenciones”, rezó Olivera. Y agregó, confeso: “Era muy buena persona. Pero había cosas que no entendía de la política. Corrupción hay en cualquier gobierno, aún hoy. Pero a veces las cuestiones no son tan abiertas, como en el caso de Rousselot, porque cualquiera que estaba y hacía cualquier tropelía. Hoy puede ser que no se perciba tanto”.
“Lo que le critiqué fue la falta de carácter para con ciertos individuos que lo rodeaban. La cabeza era él y todo recayó sobre él. Hemos charlado mucho sobre la Base Aérea de Morón. Él sufrió mucho. Hasta lloró delante de mío”, sostuvo Poli, respecto del último de los proyectos que lo llevarían a la debacle final (ver recuadro).
Por su parte, el titular del Consejo de Partido, prefirió “no opinar de cuestiones administrativas”, aunque contó que Rousselot “admitía que se había equivocado en algunas cosas”. Finalmente, aceptó la historia tal cual es. “Nos hacemos cargo de todos los peronistas, con errores y virtudes. Para nosotros era un consejero”, apuntó.

El hombre que siempre volvía
La historia se encargará de juzgarlo. Juan Carlos Rousselot nació en el Chaco el 24 de junio de 1935 (día en que murió Carlos Gardel) y de muy joven se dedicó a la locución. Llegó a Buenos Aires como periodista deportivo y, en los ‘70s, ingresó en la política como vocero del ex ministro de Bienestar Social, José López Rega.
Convocado por Carlos Menem, accedió a la Intendencia en 1987. Dos años después sería destituido por adjudicar sin licitación un plan cloacal, aunque la Corte Suprema anuló la causa, por lo que pudo presentarse nuevamente a elecciones en 1991 y ganarlas. Fue reelecto en 1995, pese a otro intento por sacar las cloacas pagas.
Su suerte quedó echada tras la derrota del PJ en 1997 a nivel local y nacional. El entonces gobernador Eduardo Duhalde había dividido dos años antes los distritos como Morón donde la interna siempre le era un escollo. Entonces, empezaron a tener otro encause las denuncias por corrupción. Entre el duhaldismo y la Alianza conformaron tres comisiones investigadoras (por los casos de la Autopista Arroyo Morón, Estacionar SA y el proyecto del traslado del Hospital de Morón a la Base Aérea) que lo terminaron por suspender. Finalmente se le aceptó la renuncia. Guillermo Crespo lo sucedió en el cargo hasta el final del mandato.
Rousselot había sido detenido por el caso del hospital delante de las cámaras, en una batalla interna con Horacio Román. No manejó la Justicia. En 2000 lo encontraron culpable de malversar fondos (la fiscalía lo acusaba de peculado), cuando proponía reformar el casino de suboficiales de la Base para llevar allí al centro hospitalario. El fallo no quedó firme y así pudo presentarse a elecciones en 2003. El voto de la gente fue su condena.

Marcha por Evita
Con una marcha multitudinaria y una misa en la Catedral de Morón, el Consejo de Partido Justicialista de Morón celebró el 58º aniversario de la muerte de Eva Duarte de Perón, el pasado lunes 26 de julio, por la noche.
Domingo Bruno y Quino Duyheilo, presidente y vice, respectivamente, del PJ local, encabezaron los homenajes, que comenzaron por las calles céntricas de la ciudad con una masa de militantes, fotos y antorchas. El ritual continuó con una misa en la Catedral, ofrecida, como siempre, por el monseñor Raúl Trotz.
En la Plaza San Martín, en el placa dedicada a Evita, se dejaron dos ofrendas florales. Una por el Partido y otra por la CGT regional, que todavía conduce el gastronómico Bruno. Otros dirigentes gremiales como Julio Ponce (SETIA) y partidarios, como la ex diputada y ex concejal Marina Cassese, participaron del encuentro

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