martes, 17 de agosto de 2010

Garzón en Castelar: "Matar no es hacer patria"

Si algo le faltaba al 10º aniversario de la Casa de la Memoria y la Vida era la presencia de, nada menos que, Baltasar Garzón, el juez que promovió la detención internacional del ex dictador chileno Augusto Pinochet y que permitió condenar en España, su tierra, a los represores argentinos Adolfo Scilingo y Ricardo Miguel Cavallo.
La llegada del magistrado que se hizo famoso por investigar crímenes de Lesa Humanidad “universales”, pero que ahora se encuentra suspendido en sus funciones por considerarse “competente” para instruir causas contra el franquismo, despertó una idolatría pocas veces vista en el Gorki. El gobierno local montó una carpa para 300 personas en el campo de deportes, que se colmó rápidamente el martes pasado por la tarde. Garzón llegaría bastante demorado, producto de su paso por el juicio que se realiza al ex dictador Jorge R. Videla, en Córdoba.
Ladeado por el intendente, Lucas Ghi; y por el diputado nacional Martín Sabbatella, hizo una rápida recorrida por la muestra gráfica de la Casa y después enfiló hacia la carpa. En el camino, lo interceptó el secretario de bloque de concejales del ARI-CC, quien le pidió que le dedique y autografíe un libro de su autoría. “Es que es un colega…”, ironizó conmocionado el asesor letrado, tras conseguir esa firma. Entre la audiencia se mezclaban funcionarios, concejales de Nuevo Encuentro, el FPV y el GEN; conmocionados todos.
Garzón había llegado acompañado por la fiscal española Dolores Delgado, acusadora en los juicios contra Scilingo y Cavallo, quien paradójicamente declaró tener “envidia” por cómo se respetan los DDHH en esta comuna.
“Baltasar siempre tuvo tiempo para atender a las víctimas universales que venían y cruzaban el Océano y llegaban a su despacho una tras otra. El Juez instruía, dinamizaba y consiguió que existiera una Justicia de ida y vuelta. Y ahora tengo envidia de Morón porque en España no somos capaces de asumir nuestra propia historia”, sostuvo en alusión al procesamiento que vive el magistrado, quien en Argentina prefirió no tocar el tema.

Cordobazo
Garzón llegó a Castelar luego de vivir en Córdoba una situación singular. Por primera vez asistía a un juicio contra un represor (como juez instructor no pudo asistir nunca como testigo a audiencias de tribunales de su país) y poco tardaron en hacerle pesar toda su trayectoria. "¿Qué pasó con los atentados de la ETA?", le había gritado por la mañana Liliana de Fernández Cutiellos, viuda del teniente coronel Horacio Fernández Cutiellos, muerto en 1989 durante el copamiento al Regimiento de La Tablada del Movimiento Todos por la Patria.
“Llevo 22 años combatiendo la ETA… Me he quedado con el grito unánime de los que pedían Justicia y el ejemplo de esta reconciliación verdadera”, le contestó el juez desde Castelar. Y explicó: “Nunca he percibido - en sus causas- un ánimo de venganza. Sólo se pide Justicia. Y eso molesta terriblemente a aquellos que no quieren reconocer. Es más moderno mirar hacia el futuro. Y nos olvidamos rápidamente de todo pasado, hacemos una memoria selectiva y lo borramos. Y no es un ataque a la clase política. Algunos han hecho cosas, como aquí. Otros quieren que incluso que se aplique la amnistía. No aprenden. Lo correcto es un juicio como el de hoy en Córdoba, con todos los derechos que ellos negaron. Y si hay que aguantar que se marchen de un juicio como rechazo a mi pobre persona y a la del Secretario de DDHH, eso para mí es un honor”.
Aunque dijo “respetar” a los familiares de los represores, Garzón dejó en claro que “matar gente no es hacer patria”. Y que “si ahora no tienen valor de enfrentar un tribunal, no entienden, ni han entendido nunca, a la Democracia”.
En Córdoba, donde estuvo acompañado por Eduardo Luis Duhalde, Garzón despertó los mismos aplausos que en Castelar. “Es un orgullo poder estar aquí en una casa en honor a las víctimas”, declaró ni bien tomó contacto con la prensa local. Por su puesto, a Ghi y a Sabbatella se les inflaba el pecho. “Nuestra sociedad sabe, reconoce y agradece el trabajo de Garzón para garantizar, fuera del país, que represores argentinos no quedaran impunes de su responsabilidad en crímenes de lesa humanidad”, dijo el diputado y fundador de la Casa. Garzón se retiró galardonado como “visitante ilustre”, por haber sido un profeta en tiempos del Punto Final.

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